Es difícil “diagnosticar” de forma general a la población. Pero si como reporta la más reciente Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, 3 de cada 10 niños padece obesidad y ni frutas ni verduras se encuentran entre los 10 alimentos más consumidos por los chicos menores a 12 años; entonces deducimos que naturalmente existe una gran deficiencia de nutrientes de alta calidad para la salud y función cerebral. Tomemos en cuenta que además, el cerebro forma millones y millones de conexiones nuevas diariamente dependiendo de la estimulación de aprendizaje y de los nutrientes suficientes.
Tan sólo a nivel primaria 21% de la población padece anemia, deficiencia que se traduce a un déficit de oxigenación cerebral.
El reto más grande para el personal de salud es cambiar hábitos de consumos básicos; sobre todo en los padres, ya que ellos son quienes compran y ejemplifican el tipo de alimentación que seguirá el resto de la población infantil.
De no buscar una solución a la falta de nutrición adecuada para el cerebro, (y el resto del organismo), continuaremos viendo cómo nuestras vidas empiezan a rotar hacia la acumulación de síntomas que nos indican una mala nutrición del cerebro y sus funciones:
- Deterioro cognitivo (habilidades del pensamiento, sobre todo la memoria, estrés y demencia senil)
- Largos periodos de tiempo en estado vegetativo
- Problemas graves de comportamiento (psicosis, depresión, inquietud, combatividad, hostilidad)
- Trastornos del movimiento de los músculos (como resultado de que no exista una buena comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo).
